sábado, 2 de julio de 2011

NAPOLEON BONAPARTE


El genio y la ambición de este militar y estadista francés le llevaron a dominar gran parte de Europa. Sus tropas extendieron los ideales de Revolución Francesa por todo el continente, contribuyendo a cambiar la historia incluso después de su derrota.
Napoleón Bonaparte nació el 15 de agosto de 1769, en Ajaccio, Córcega, en el seno de una familia de escaso patrimonio que pretendía descender de la nobleza italiana. En 1784 ingresó en la escuela militar de París. Un año después, a los dieciséis años, ya era teniente de artillería. Ese año murió su padre y tuvo que ocuparse del mantenimiento de su numerosa familia. Durante tres años de servicio estudió las obras de Rousseau, Voltaire o Mirabeau, aunque le interesaban especialmente la geografía y las artes militares.

Escribió entonces muchos de sus trabajos sobre balística, novelas como La máscara del profeta o Diálogos sobre el amor y algunos poemas en los que ya se vislumbra su deseo de gloria. Cuando estalló la Revolución (1789) estaba en Auxone y en 1792, en París, fue consciente de la importancia mundial del acontecimiento. De permiso en Córcega, se produjo un motín antífrancés y, tras tomar el mando de los guardias nacionales, aniquiló a tos insurgentes. Regresó a París para justificar sus actos y presentarse como defensor de las ideas revolucionarias, recibiendo el apoyo de la Asamblea Legislativa, que le nombró capitán. Fruto de esta acción, el consejo local corso obligó a abandonar la isla a la familia Bonaparte. Se trasladaron a Vallete (Tolón) y después a Marsella.

En 1793 Napoleón fue nombrado jefe de los artilleros encargados de la reconquista de Tolón, que había sido entregada a los británicos por los realistas franceses enemigos de la Revolución. Tolón se rindió y, como recompensa, la Convención le ascendió a general de brigada. En 1794, el hermano de Robespierre le propuso para ocupar el mando de la artillería en el ejército que se estaba organizando contra el Piamonte. Sin embargo, después del golpe de Estado de termidor (27 de julio 1794) Robespierre fue ejecutado y se acusó a Napoleón de conspiración, por lo que se le arrestó y degradó.

Tras ascender un nuevo Directorio, Barras, miembro de la comisión encargada frenar la contrarrevolución, le nombró comandante en jefe del ejército del interior (octubre de 1795) y, junto con Murat, atacó a los amotinados realistas presentándose así como salvador de la Convención y convirtiéndose en el hombre más polar de Francia. En 1796 se casó con la viuda Josefina de Beauharnaís, antigua amante de Barras. En ese mismo año recibió el mando del ejército francés en Italia. Fundó la República Cisalpina y Liguriana, e impuso la paz a Austria con el trato de Campo Formio (octubre de 1797). Esta fulgurante y victoriosa campaña hizo que se le recibiera en París como un héroe. Receloso el Directorio ante su poder, decidió alejarle de Francia y le encomendó la conquista de Egipto para interceptar las líneas comerciales británicas. Pronto obtuvo victorias en Alejandría y airo (julio de 1798). Mientras, el almirante británico Nelson destruyó en Abukir la flota francesa (agosto de 1798). Napoleón decidió volver a Francia, donde recibió las noticias de la pérdida de Italia y del avance por el Rhin del enemigo. El peligro exterior propició la vuelta al poder de los jacobinos, al tiempo que desde el ¡flor mismo del Directorio se preparaba el golpe de Estado con la participación de Sieyés, Talleyrand y Fouché, quienes consiguieron nombrar a Bonaparte comandante militar de París. El 18 de brumario (9 de noviembre de 1799), Napoleón entró la Asamblea con sus tropas.

Napoleón fue designado primer cónsul por diez años y dictó la Constitución del año VIII. En 1800 sufrió un atentado que utilizó como excusa para depurar a los sospecho-jacobinos. Pronto se descubrió que los verdaderos responsables eran los chuanes (realistas), a los que también eliminó. Se reconcilió con la Iglesia y con el papa Pío VII, firmando el concordato de julio de 1801. En el exterior, atacó a Austria, que ocupaba el norte de Italia. Tras la victoria de Marengo (junio de 1800) y la de Hohenlinden (diciembre de ese mismo año), Austria reconoció la frontera del Rhin y entregó parte de los territorios italianos. Gran Bretaña, viendo afectado su’ comercio, firmó la paz de Amiens (marzo de 1802), por la que se comprometía a devolver las colonias francesas.
En 1802, Napoleón dictó la Constitución del año X que le nombraba cónsul vitalicio, controlando desde entonces todos los poderes. Fue nombrado presidente de la República Italiana (enero de 1802), mediador de la Confederación Helvética, reorganizador de Alemania, y anexionó a Francia la isla de Elba y el Piamonte, pero la guerra con Inglaterra se reanudó al negarse ésta a abandonar Malta (mayo de 1803). Mientras, los realistas intentaron un nuevo atentado que sirvió de excusa a Napoleón para endurecer la policía y reforzar la dictadura.

El 18 de mayo de 1804 se proclamó emperador con el nombre de Napoleón I y fue consagrado en Notre-Dame por Pío VII. Organizó una fastuosa corte imperial recuperando las viejas instituciones borbónicas abolidas en la Revolución. Como contrapunto, dotó a la sociedad de un Código Civil, que afirmaba las concepciones burguesas de propiedad y fue imitado en muchos países. Además, creó institutos y universidades, estimuló las actividades financieras gracias a la creación del Banco de Francia y se convirtió en mecenas y modelo de artistas como David.

Napoleón pretendía unificar el continente bajo el dominio de Francia y aislar a Gran Bretaña, por lo que ocupó toda Europa expandiendo también, junto a sus soldados, las ideas modernas nacidas de la Revolución.

La guerra continuó con Gran Bretaña como principal e invencible enemigo. En 1805, Austria, Rusia, Suecia y Nápoles se unieron a Gran Bretaña contra Francia, España y los Estados meridionales de Alemania. Napoleón organizó la Grande Armée con la que pretendía invadir Inglaterra, pero fue derrotado en Trafalgar por Nelson (1805). Victorioso en UIm y Austerlitz, conquistó Viena y firmó la paz de Presburgo, lo que le permitió reorganizar Alemania y construir un gran imperio que rodeaba a Francia de Estados soberanos. El reino de Holanda fue entregado a su hermano Luis y el de Nápoles, a José. Sin embargo, Napoleón no logró concluir las negociaciones entabladas con Gran Bretaña, que, en 1806, organizó la cuarta coalición con Prusia y Rusia contra Francia. Bonaparte venció de nuevo y firmó la paz de Tilsit (julio de 1807), por la que el reino de Westfalia pasó a manos de su hermano Jerónimo. A pesar de tantas victorias, era incapaz de derrotar a su principal enemigo, por lo que decidió presionarle económicamente mediante un bloqueo. Para ello organizó un cinturón de Estados vasallos, anexionando Etruria, ocupando los Estados Pontificios y conquistando Portugal. En España hizo abdicar a Carlos IV y Fernando VII y colocó en el trono a su hermano José, quien se encontró con una fuerte resistencia del pueblo español (2 y 3 de mayo de 1808). Austria aprovechó las dificultades en España y le declaró la guerra. Napoleón fue derrotado en Aspern pero triunfó en Wagram y firmó la paz de Viena (1809), dando a Francia nuevos territorios.

Aprovechando la victoria y ante el deseo de tener un heredero, concertó su matrimonio con la archiduquesa María Luisa de Austria con la que, tras divorciarse de Josefina, se casó en París en 1810.
Excepto España, toda Europa parecía sumisa, por lo que, confiando en las alianzas firmadas con Prusia y Austria y desconociendo los acuerdos secretos de estas potencias con el zar Alejandro I, decidió invadir Rusia (1812). Pero sus tropas fueron derrotadas por el clima y la oposición de la población rusa. En la retirada hacia Alemania, el resto del ejército fue aniquilado por las guerrillas nacionales.

Wellington entró en Madrid, obligando a José a huir tras la derrota francesa en Vitoria. En agosto, Prusia, Rusia, Gran Bretaña, Austria y Suecia organizaron una sexta coalición contra Napoleón, que fue derrotado en Leipzing (octubre de 1813). El 31 de marzo de 1814, los aliados entraron en París. El pueblo francés estaba cansado de las guerras, la grave situación económica y el desprecio de Napoleón hacia los principios revolucionarios, por lo que no opuso resistencia. Los aliados formaron un gobierno presidido por Talleyrand. Napoleón abdicó en Fontainebleau el 11 abril de 1814 y fue confinado a la isla de Elba, si bien conservaba el título de emperador y se le otorgó el gobierno de la isla. El 30 de mayo de 1814 se firmó el primer tratado de París, por el que Francia volvía a sus fronteras de 1792. Luis XVIII regresó para ocupar el trono, lo que provocó el descontento de la población, fiel a los principios de la Revolución. Descontento popular que animó a Napoleón a regresar y recuperar su imperio.

Los Cien días y el último exilio
Napoleón llegó a París, donde fue recibido con entusiasmo por el pueblo, redactó la Constitución del año XII y reorganizó rápidamente el ejército, lanzándose contra los ingleses dirigidos por Wellington. Estos, apoyados por los prusianos, le derrotaron en Waterloo, su última batalla (18 de junio de 181 5). Napoleón abdicó por segunda vez en su hijo y embarcó hacia Estados Unidos, pero fue interceptado por los ingleses, que ordenaron su deportación a Santa Elena, donde escribió Memorial de Sainte-Héléne y donde murió el 5 de mayo de 1821.

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